Estamos a Martes 16 de Octubre de 2018 - Su direccion IP : 54.198.212.30
Todo arrow Colaboraciones arrow Colaboraciones arrow Unidad, Generosidad
Unidad, Generosidad Imprimir E-mail
Escrito por Juan Manuel Aragüés   
sábado, 25 de mayo de 2013
ImageJUAN MANUEL Aragüés, Profesor de Filosofía. Universidad de Zaragoza 24/05/2013

¿Adónde vamos?

No queremos protagonismo, queremos acabar con un gobierno que quiere acabar con nosotros

Así planteada, esta pregunta pudiera referirse a multitud de cuestiones. Pudiera plantear hacia dónde se dirige un país sumido en una profunda crisis y al que desde las ademocráticas instituciones europeas se le exigen cada día más recortes; pudiera referirse al proceso represivo que desde el Gobierno, a través de delegados de escaso perfil democrático, está llevando a reprimir con dureza injustificada la movilización ciudadana; pudiera hacer referencia a la profunda erosión del sistema democrático por culpa de una corrupción anidada en amplias estructuras sociales. Pero no. Por lo que me pregunto es por el horizonte que tiene la izquierda política y social para hacer frente a esta situación que casi cabe calificar de desesperada.

La pregunta viene a cuento de que, en las últimas semanas, en lugar de profundizar en vínculos unitarios entre quienes queremos hacer frente a las profundas agresiones del neoliberalismo, se han producido públicos desencuentros entre organizaciones y colectivos que, a mi entender, deben luchar por los mismos objetivos. Lo que ahora se mueve en la sociedad es muy amplio y plural, y ello obliga a extremar los ejercicios de respeto entre los participantes.

Lejos de eso, vemos, con profundo desagrado, cómo desde los sindicatos mayoritarios se descalifica a otros agentes sociales, cómo desde otros sindicatos se convocan movilizaciones sin esperar a consensos más amplios, cómo desde movimientos sociales se alimenta las desconfianza hacia organizaciones políticas y sindicales. Por resumirlo de manera apresurada: todo el mundo le mete el dedo en el ojo a todo el mundo.

Pues he de decir, y creo que no es mi opinión particular, que algunos estamos hartos de esos juegos. Bastante esfuerzo supone estar en la calle, hacer huelgas, perder salarios, como para que encima lo que se construye desde abajo otros lo destrocen desde arriba. Muchos, muchas, salimos a la calle sin pedirle el carnet a nadie, no nos importa si el que está al lado en la mani, en el escrache, es de un sindicato mayoritario o minoritario, de CHA, de IU o de IA, si está afiliado a algo o no. Lo único que nos importa es que está en la calle para denunciar ciertas políticas y para plantear alternativas. No queremos protagonismo, queremos acabar con un gobierno que quiere acabar con nosotros. Queremos hacer política con mayúsculas, no politiquillas de secta iluminada fuera de la cual no hay salvación. Porque aquí, o nos salvamos juntos o nos pasan por encima.

Es muy evidente que hay una amplia mayoría social que no comparte la política que se está aplicando. Desde la izquierda debemos ser capaces de dar cauce a ese malestar, debemos construir una propuesta de mínimos que aúne esas voluntades para hacer frente a la barbarie de corbata y mantilla. No solo tenemos una oportunidad histórica, sino una responsabilidad histórica. En educación, en sanidad, en servicios sociales, en muchos campos está claro lo que nos une. De una profunda estupidez e irresponsabilidad es anteponer cuestiones menores, protagonismos, desconfianzas, al trabajo en común. Generosidad es la palabra que debe presidir la acción de quienes tradicionalmente han monopolizado las movilizaciones; y quienes ahora, con ocasión de la crisis, han cobrado protagonismo, deben huir de toda actitud sectaria.

Unidad, unidad y unidad. Es la única receta para derrotar a estos nuevos bárbaros. No olvidemos, como parece ser nuestra tradición histórica, quién es el enemigo. El enemigo (sí, sí, enemigo, ellos, con sus políticas, se han colocado en ese lugar) es el que destroza el estado social, el enemigo es el que pone la Constitución al servicio de los bancos, el enemigo es el que reprime con aires autoritarios y fascistoides la movilización. Y frente a él es preciso colocar toda nuestra potencia democrática.

Por eso me pregunto: ¿adónde vamos? ¿A reeditar una historia de enfrentamientos y miserias? ¿O, como nos enseñaron las plazas del 15 M, a hacer frente común ante un estado de cosas que deploramos? A estas alturas, no debieran caber dudas. Esperemos que los acontecimientos de estos últimos días queden en mera anécdota y que sepamos discernir lo que es realmente importante. Otra cosa sería un verdadero suicidio.



Artículo publicado en El Periódico de Aragón el 24/5/2013
Ultima actualizacion ( sábado, 25 de mayo de 2013 )