La república española y el tiempo presente.


Próximamente, el Círculo Republicano “Manuel Abad” de Huesca, en comunidad con otros círculos republicanos de la provincia, va a conmemorar, como en años anteriores, el ochenta aniversario de la sublevación de Jaca, acaecida el 12 de Diciembre de 1930. Esta sublevación militar contra la Monarquía borbónica y por la República, aunque pudo catalogarse como uno de tantos pronunciamiento militares al uso a lo largo del siglo XIX, era producto de una convergencia de nuevas fuerzas, mentalidades y tiempos.

El Pacto de San Sebastián había sellado unos meses antes, en agosto, el aunamiento para la acción de fuerzas diversas, con cierta influencia en todo un descontento civil, social e incluso militar antidinástico, enfrentado a una realeza que aglutinaba a unas fuerzas dirigentes que prolongaban la agonía de la misma y de su propia estructura política caducas. Representantes del republicanismo, del socialismo y sindicalismo afín, del catalanismo emergente, contarían con la movilización de sus propias bases civiles y sociales y con el peso decisivo sublevador en los cuarteles por parte de alguna oficialidad antidinástica organizada, para asestar el único golpe posible en aquel tiempo, derribar a la Monarquía y proclamar la República, la II República.

Eran unas mentalidades sociales más maduras, curtidas en una lucha social y política que desde principios del siglo XX arranca con más fuerza en aquella España productiva, con mayor concentración de propiedad terrateniente, fabril y financiera. Era el primer tercio del siglo XX, cuando en España se daba un gran avance productivo y el capital era incapaz de generar en paralelo un avance claro hacia la nivelación social, el trabajo, los derechos contractuales y por consiguiente hacia los derechos políticos de las clases trabajadoras y de un sector social no obrero, excluido también de las esferas del poder y la participación política en un sistema ajeno a lo que pudiera entenderse tan siquiera por democracia burguesa o liberal. Eran también unos tiempos, hay que señalarlo, en que en la Europa de los años 20, salida de la Primera Gran Guerra interimperialista de las grandes potencias, se habían debilitado incluso los sistemas liberales más avanzados y en los más retrasados en esta tradición se implantaban o se iban a implantar los fascismos o en el caso del imperio ruso, se había implantado el socialismo, que como nuevo sistema formulado desde el XIX, era una esperanza , acicate y despertar para los movimientos obreros organizados de la clase trabajadora y de la pequeña burguesía revolucionaria.

Por tanto, Jaca, cuna o germen de la II República, con sus primeros mártires, los fusilados capitanes Galán y García y la represión nacional posterior derivada, daría luz y lumbre al advenimiento en los primeros meses de 1931 de todo un movimiento social y político español que llevaría a las fuerzas oligárquicas a una maniobra de sondeo o pulso nacional, a través de una elecciones municipales, que a la vista de los resultados pro republicanos en las grandes ciudades y centros de mayor libertad conquistada, harían aconsejable la salida al exterior del monarca, sin renunciar al trono, y dar paso a una Republica liberal, con gran peso organizativo y de dominio político en los primeros tiempos de republicanos y socialistas, pero con un fuerte freno por las fuerzas dominantes de una gran burguesía inmovilista (terratenientes, grandes industriales y financieros), que iban a contar a la postre fundamentalmente con el brazo armado de una gran parte de la casta militar, “educada” ya por otra parte en África en la caza y exterminio en la guerra colonial; contarían siempre también con la elite eclesiástica, que tradicionalmente había estado con el poder de casta, desde la unión del trono y el altar o la espada y la cruz para redimir a los infieles externos o a las clases inferiores o desafectas internas. Simplificando, la República liberal reformadora, sería una bomba para las castas civiles y eclesiásticas, mal acostumbradas, inciviles, que frenarían y boicotearían en todo momento su acción legisladora, produciendo por ende la desazón y desconfianza de los de abajo en el nuevo régimen, que en aquel tiempo sólo podrían ver la tricolor como estandarte de una República social, ejecutora sin dilaciones de unas medidas profundas para sus ansias de tierra, trabajo y libertad.

Son enseñanzas de la Historia. El Estado republicano, como bien podemos saber, cuando más tarde, en el periodo del Frente Popular, a partir de febrero de 1936, aplica sin demora las reformas sociales en aquel contexto, se va a encontrar con un bloque enemigo más curtido y organizado. Las fuerzas del “orden tradicional” van a formar un efectivo que toca a amplios sectores ; la casta oligárquíca, militar y eclesiástica cuenta con el apoyo civil de toda una radicalidad política de pequeños partidos de la derecha afines al Fascismo emergente europeo, al Tradicionalismo español y a otros, no hay que olvidar, de gran calado que, como la CEDA, cuentan con amplias masas propietarias medias de esa España profunda y van a posicionarse en contra de esta República social. La coyuntura europea haría el resto, los imparables fascismos europeos iban a apoyar la decisión rebelde de unos generales españoles que no triunfan en el Golpe de Estado militar contra la República social y convierten el territorio español en un escenario de Guerra Civil prolongada, que permitiría a Franco hacerse con la jefatura indiscutible del ejército sedicioso, estimulado especialmente con la intervención y entrenamiento de la maquinaria militar hitleriana, contra la España resistente, la no intervención de las potencias democrático liberales, llevando al final de tres años de contienda civil a una victoria que se prolongaría, como algo insólito en Europa, por cerca de 40 años, en la versión de una Dictadura criminal y vengativa, que envía a los más granado de la inteligencia y de la organización política, obrera y no obrera, al exilio, a los presidios y campos de trabajo, a los paredones, las cunetas y fosas comunes clandestinas del orden superior nacido de una raza “cristiana y patriótica” , que ejerció sobre el vencido, tras su derrota militar, de asesina y “purificadora”, con la guadaña negra de la espada y de la cruz.

La larga noche del franquismo campeó contra todo pronóstico, sobreviviendo a la derrota de los fascismos, por el apoyo precisamente de una parte vencedora sobre los mismos. Las potencias democrático-liberales, comandadas por EE.UU., consideraron al general felón, como un dictatorzuelo bananero, un mal menor para ellos, un mal sólo para los españoles y éste convertiría su afición fascista en simplemente anticomunista y cristiana, adaptada a los nuevos tiempos. Construyendo un nacional-catolicismo en su Estado interventor, el dictador emplearía a los elementos de la radicalidad falangista sólo a nivel burocrático, descabezando su pretendida “revolución pendiente” y subsumiéndolos en el Partido Único o Movimiento Nacional, convirtiéndolos en “fachas”, volubles, para todo desmán, corrupción y de privilegio. La iglesia haría el resto, con el monopolio en la educación y en la dirección de las costumbres. Él, con su ejército incondicional y domeñado, de nuevo cuño en la era de la Victoria, con la militarización de las fuerzas armadas y con la emulación social hacia la delación y el chivatazo de todo lo sospechoso, llenaría de pánico a toda esa España, no inscrita precisamente en el bando de los vencedores. El apelativo de “rojo”, o como mínimo “masón-liberal” eran unas extensiones superficiales al uso para todo lo desafecto, que era ni más ni menos, la descalificación a todo aquel que pudiera remover su singular sillón. Por eso que hasta el propio Juan de Borbón - en su Manifiesto de Lausana se ofrece en 1945 como monarca provisional para parar los crímenes y las represalias vengativas de los vencedores- no se librará de tales apelativos ¡Curioso! Podría removerle la silla, y lo que no era tan curioso, también las sillas de Nuremberg estaban preparadas para dar su merecido a algunos criminales nazis y genocidas y de las que este Caudillo se libró, no atreviéndose ya a salir de su suelo patrio, como mucho hasta Olivenza, flanqueada por su homólogo dictador portugués.

Los años sesenta marcan cierto viraje, en lo que vino a llamarse el desarrollismo económico y de cierta apertura hacia los organismos económicos internacionales, producto del tutelaje y apoyo interesados del gigante norteamericano. Los electrodomésticos, el seiscientos, el baby boom, un incipiente consumo de masas, muy alejado de los mayores niveles europeos en paises tocados por la Guerra, serían la zanahoria franquista para una gran parte del pueblo del que no habían podido todavía desaparecer ni el dolor ni su dignidad. El afortunado Caudillo se siente dichoso por estos parabienes, que no son producto ni de su imaginación ni de sus conocimientos en economía, sino de la tan favorable coyuntura internacional del bloque occidental que le permite incluso enviar su excedente laboral, dos millones de trabajadores, a Europa, con contratos, y recibir las remesas de divisas que estos envían para sus familias que han quedado fragmentadas. El turismo europeo hacia esta Spain is different y las inversiones extranjeras harían el resto. Junto a la escasa zanahoria, este Caudillo no dejaría de blandir su garrote hasta el fin de sus días. Toda contestación del movimiento obrero y estudiantil, de profesionales, de organizaciones políticas clandestinas y de todo el efectivo disidente sería reprimido a sangre y fuego. Una represión de aporreamientos y balas se cebaba en las manifestaciones y huelgas, que acababan con muertos, y un ensañamiento selectivo de palizas , torturas y muertes en los sótanos de las Brigadas Político Sociales eran el preámbulo a las cárceles para los que sobrevivían. Las condenas a muerte y ejecuciones tampoco dejarían de parar, en estos años del llamado desarrollismo económico, hasta la muerte del verdugo en el hospital. Recuérdese el fusilamiento de Julián Grimau, dirigente del PCE enviado al interior por la dirección de Carrillo en su fase de reconciliación nacional; el gran grupo de condenados vascos en el invierno de 1970, librados del paredón por las imparables movilizaciones de protesta; el libertario catalán Salvador Puig Antich, enviado al infame garrote vil por el taimado Dictador, en una operación de distracción, junto al polaco Heinz Chez, ciudadano del mundo, sin nombre ni reclamo y considerado como delincuente común. Las últimas ejecuciones se producirían el 27 de septiembre de 1975: ( Jose Humberto Baena (1), Ramón García y Jose Luis Sánchez-Bravo, militantes del FRAP) y (Juan Paredes “Txiqui” y Ángel Otaegui, militantes de ETA) serían fusilados, en una tría de más de una docena de condenados a muerte. El Verdugo del Pardo, con su cuerpo y su voz moribundas, salió al balcón de palacio de la Plaza de Oriente, el 1 de Octubre, a arengar ininteligiblemente a una concentración de fieles y no fieles, que como tantas veces se había convocado a la fuerza, en una mascarada, para justificar ese régimen asesino, ante los clamores de condena y movilizaciones en todo un ámbito internacional por aquellos asesinatos.

La lucha por las libertades y por la República continuaría tras la muerte de Franco, con la Monarquía avalada e introducida en una decidida maniobra entre los más hábiles del “atado y bien atado” y la aceptación por los nuevos escaladores del emergente neosocialismo y su dirigente andaluz desde Suresnes y también por el socialdemócrata Santiago Carrillo, que desde años venía disponiéndose a la maniobra, con su reconciliación nacional, pero con una imposición disciplinaria entre unas amplias bases del interior y exterior, que no tenía el PSOE. Serían, pues, más bien partidos escindidos del aguerrido PCE en los sesenta, en la coyuntura de desafección también al centro moscovita del PCUS, con su coexistencia pacífica a partir del XX Congreso, los que desplegarían con más tesón y generosidad la lucha por la República. Estos partidos, a los que Carrillo, en su despecho, tildaba de “grupúsculos”, cubrieron con creces en los últimos años del franquismo y durante la transición dicha lucha y reivindicación, que habían abandonado de facto los de la corriente pactista señalada y con mayor efecto el PCE, que con mayores efectivos y disciplina acataron las órdenes de su Secretario General de abandonar la lucha por la República y esconder los estandartes tricolores. Estos partidos pequeños hicieron grandes esfuerzos por lograr su legalización, que muy tardíamente consiguieron, y compitieron con los grandes partidos con sus escasos recursos económicos, pero con su generosidad y entrega, con el aval crediticio de pisos o bienes de militantes y hasta con otros medios más expeditivos (2) en el concurso de la democracia.

El tiempo presente es buen momento para la reflexión. Las sufridas bases de aquel aguerrido PCE de Pepe Díaz y tantos otros y otras fueron abocadas a un proceso de desgaste y erosión, por su credulidad hacia el transitador D. Santiago, y hoy podría decirse, sin ningún ánimo de menosprecio y con gran desazón, que casi podrían caber en un autobús. Los sucesores de Pablo Iglesias, en el neo PSOE, desafectos del marxismo y de toda tradición a partir de los primeros ochenta y sobretodo a partir de 1982 en el poder, ya no les faltaría, como es obvio, clientela, una clientela voluble y capacitada para toda situación , encuadre profesional neomilitante o apoyo a la espera de verlas venir mejor; un justificar lo injustificable en muchos casos, para hablarnos a todos los feligreses en clave enigmático- estratégica de intereses de Estado en el que todo vale en ese discurso neopanfletario, por ininteligible, desde apretarse el cinturón en un mundo rico con clases medias hacia la pobreza y un resto de potenciales o ya casi indigentes hasta la conveniencia de venerar al Papa de Roma y su ejército hispano o comprender el pasteleo con el sátrapa rey de Marruecos por mejores y convenientes servicios a nuestra España que un potencial Estado Saharaui soberano y con un programa social y nivelador.

¿Y la derechona? ¿Es liberal y progresista de centro el fantástico PP creado para la ocasión como AP por el ínclito ministro del verdugo Franco, Manuel Fraga, o tiene que sacar sus fauces retrógradas también en el estilo nacional-católico, tradicionalista y de las JONS para atender a todo su espectro encuadrado, admirador y votante? La verdad, que a diferencia de Felipe González con la izquierda, D. Manuel supo integrar a toda la derecha y a toda una radicalidad de esta ideología o tradición integristas, en este partido denominado siempre popular, que menos desbarradamente hubiera podido llamarse castizo, carpetobetónico o incluso taurino, aunque éste sonaría a sangre y con ella y en ella acabo el Dictador.

Así que, frente a una izquierda sociológica dividida, precisamente por ser menos práctica y más crítica y ética- me refiero principalmente a quienes no encuentran encuadre o/ni devoción por el voto al turnismo – se alza una derecha disciplinada, votante como una piña y devota, que nos puede llevar a algo más coherente con el capitalismo puro y duro del siglo XXI, con los famosos mercados y la globalización, mucho más aún que los esforzados gerentes del PSOE, que por no poder absorber a toda una izquierda y centro liberal progresista, se mueven en la cuerda floja, y más con esta crisis, que de repente “ha venido, no se sabe como ha sido” a esta España que creía el estado del bienestar y ha sido visitada, como de puntillas, por este silencioso Golpe de Estado económico a nivel internacional, en el orden unipolar mundial existente.

Mientras tanto, aboguemos, ya quien quiera y pueda, por el derecho a ser republicano y critico, como cualquier europeo mayor de edad, y no forzosamente vasallo de una Jefatura de Estado hereditaria y no electa, a la que no se permite cuestionar; caminemos por la senda hacia la República Española, por el derecho legítimo a reivindicarla; matengamos vivas sus enseñanzas que, aunque en un tiempo distinto, actuando hacia una verdadera profundización liberal y social en una España de caciques y de corruptos, implantando un laicismo sin ambages, una participación ciudadana y un optimismo social, pueden ser hoy valores por conseguir y más en un país que todavía no ha soltado las legañas y malos usos del franquismo. ¡ Vivan los mártires de Jaca! ¡Honor a la II República! ¡En la esperanza y a por la III República!

(1). “27 de Septiembre de 1975”, es una película en DVD, realizada recientemente con familiares de fusilados y testigos de época, sobre la situación de aquellos meses de verano de 1975, las torturas, farsas de juicio militar y ejecuciones.
Se permite descarga gratuita. El enlace es con búsqueda por la red por el título y, más específicamente: http://www.youtube.com/watch?v=ha4SJMgVdvU


(2) “Grupo Armado” . Tomás Pellicer. Libros digitales. Abril 2009. ISBN 978-84-613-1240-5. editado por el autor. Se permite descarga gratuita a través de : www.tpellicer.com Es una novela con relato fidedigno de unos hechos que condujeron a grandes atracos desde la muerte de Franco y durante la transición por militantes de alguno de los partidos de la izquierda radical para obtener fondos y enfrentar la existencia del aparato en el interior. Es una novela con algunas dosis de crítica y con exposición de la vida, convivencia e intercambios de puntos de vista en las cárceles del postfranquismo entre presos de distintas formaciones políticas de la izquierda radical.


Huesca, 22 de noviembre de 2010.


Luz Germinal



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