De Hombres y sueños

por:

Raúl Mateo Otal
Ana Oliva Garín
Luis Antonio Palacio Pilacés

Raúl Mateo Otal, Ana Oliva Garín y Luis Antonio Palacio Pilacés son licenciados en historia por la Universidad de Zaragoza. El interés que despierta en ellos el antes y el después de la Guerra Civil española les ha llevado a colaborar de forma altruista en otros trabajos  de  investigación  y artículos periodísticos que abordan el tema, así como en la búsqueda de personas desaparecidas en el enfrentamiento bélico y la represión posterior. Por la misma razón identifican su inquietud personal con el proyecto que viene desarrollando la Asociación por la Recuperación de la Memoria Histórica de Aragón, a la que ayudan activamente.
" De hombres y sueños.Recuperando la memoria histórica y oral de Almudébar"
es el segundo eslabón de un proyecto más ambicioso que engloba a varios municipios del Bajo Gállego y de los Llano de la Violada, que encontró su inicio con el libro "Entre las Raíces", publicado en el 2003 por la asociación Casa Libertad de Gurrea de Gállego , y que actualmente continúa en las investigaciones que se están realizando sobre la localidad de Alcalá de Gurrea Tormos y Zuera. Un proyecto flexible y abierto a todos aquellos que se sientan motivados a despertar del letargo la voz de los protagonistas y de los testigos silenciosos y silenciados de la Historia.



Prólogo

"Quien sufre es el sujeto de la historia,
O porque nace de la memoria de los abuelos ofendidos
y no del ideal de los nietos satisfechos"
Reyes Mate (Medianoche en la Historia)



  Considero que quizás hoy más que nunca es pertinente comenzar este prólogo con las palabras de un grupo de jóvenes nacidos en la década de los noventa del siglo pasado.
  Son jóvenes ubicados en el contexto global del del terrorismo internacional, los atentados
del 11 de septiembre de Nueva York, del 11 de marzo en Madrid, de la guerra de Irak, pero también en el contexto estatal de las tensiones políticas derivadas del uso público de la memoria cuya Ley siempre está a punto de llegar, y de un momento histórico en el que la estrategia de la derecha pretende apropiarse de la Transición en la que vivieron y crecieron sus padres cuando eran jóvenes como ellos. Son chavalas y chavales de la denominada "generación del milenio" con quienes me relaciono diariamente en un instituto de secundaria.
  Y considero importante valerme de sus palabras porque algunas reflexiones sobre lo que  ellos dicen nos meten de lleno en las explicaciones sobre el sentido, la conveniencia y la necesidad de impulsar y colaborar en proyectos editoriales como este, desde cuyas páginas, más allá de los hechos históricos narrados, se están demandando de forma implícita actuaciones  de reparación sobre este fenómeno que, bienintencionadamente y pese a lo controvertido del término se conoce como recuperación de la memoria histórica, pero que debería llamarse acaso de recuperación de la conciencia histórica y la justicia.
  Algunas de las conclusiones recogidas en los trabajos de historia oral que durante la Segunda República, la Guerra Civil y la Transición realizan estos jóvenes entrevistados a familiares, conocidos y amigos mayores, muestran el potentísimo peso que sigue teniendo en sus opiniones la alargada sombra de del discurso histórico franquista sobre la que se legitimó la denominada "Nueva España", y justifican la acuciante necesidad de que aparezcan estudios como este capaces de impulsar una contramemoria histórica y crítica totalmente a contrapelo del programa de desmemorización y silencio llevado a cabo por el franquismo. pero también y al mismo tiempo, críticos con la memoria autocomplaciente, consoladora y terapéutica, vigilándola estrechamente con la razón, para que no se la coman los monstruos de los deseos del presente, de lo que nos gustaría que hubiese sido y no fue.
  "Los dos bandos (rojos y nacionales) hicieron lo mismo", "los dos buscaban lo mismo cada uno a su manera, en esa guerra fratricida", (...), "los republicanos y los nacionales se agredieron y mataron por sus ideas", son opiniones frecuentes en los trabajos de los alumnos.
  Como puede apreciarse los contenidos de fondo de estas frases plantean una "igualación" entre el comportamiento de los vencedores y los vencidos justificada y defendida , aveces, con el argumento -falsamente planteado- de una supuesta objetividad. Como si un análisis histórico correcto tuviera que dedicarse a equilibrar las distintas manifestaciones de barbarie.
  "De este trabajo -dice un alumno de diecisiete años- he conseguido sacar mis propias ideas sobre ese negro periodo de la historia de España. he llegado a la conclusión de que la guerra no benefició a nadie..."
  "Gracias a estas entrevistas -añade- he podido conocer a personas que nunca conocí ; a través de las historias he podido acercarme a aquellos familiares que no están."   "Este trabajo me ha ayudado a saber cosas sobre mis abuelos que desconocía (anécdotas, sufrimientos, formas de pensar)."
  Un chico descubrió así, preguntando por el pasado cercano, cómo pensaba su propio padre, con quien nunca había hablado de estos temas y no se explicaba por qué no lo había hecho. Todo un descubrimiento entre vergonzoso doloroso y expectante.
  Cuando algunos jóvenes  se refieren a la relación entre generaciones y dicen que: "los entrevistados también han vivido como nosotros (los jóvenes), llenos de ilusiones y esperanzas que querían vivir pero que les fueron cortadas y desaparecieron, y esto hace que comprendas mejor y te sientas más próximo a su generación."
 Escribir cosas como estas deja claro, a pesar de lo que muchas veces se achaca a "toda" la juventud (como si los jóvenes fueran todos iguales,...pensemos en los adultos) que contra lo olvidan y lo ignoran ellos también se han dado cuenta -como nosotros y así lo defendemos- que los derechos humanos no son sólo de algunas sino de todas las generaciones.
  También es frecuente encontrar referencias al miedo que todavía tienen, viven y transmiten los testigos entrevistados. Así lo detectan y lo explican los jóvenes: "Se puede notar sobre todo en un principio -escribe otro chico- cómo la gente que vivió la guerra no quiere recordar, le cuesta mucho hablar y más cuando saben que los vas a grabar, aunque a ellos cuando han empezado les gusta recordar (...) pero sobre todo, y no se por qué, en cuanto tú les dices que vas a dejar de grabar, te empiezan a contar cosas y les preguntas por qué no la dicen antes, que lo digan, pero no quieren."
  Una alumna añade : "Partiendo de aquellas cosas que me han contado, pero que han preferido no introducir en las entrevistas, he podido observar que todavía tienen miedo a las represalias que se produjeron en la posguerra. Además posiblemente por estas represalias evitan en todo momento contarme cosas importantes, que no atañen a ellos directamente, o en el caso de que lo hagan , como sucede algunas veces, nunca citan su nombre, para evitar que en un momento posterior le pueda causar problemas."
  He aquí los posibles efectos del trauma sobre la memoria pero también los restos del verdadero triunfo del 
fascismo: la negativa a hablar, la propia autocensura de las víctimas, interpretaciones estas que es necesario revisar para poder entender y ajustar los sentidos de esos silencios al historizar las memorias.
  Aunque este no es un prólogo para un libro sobre la escuela, aunque también lo es en parte pues también está pensado para aprender con él y de él, me sirvo de estos ejemplos en boca de adolescentes porque creo que son muy cercanos a los procesos vitales que surgen durante la elaboración de investigaciones como esta. Y también me sirvo de sus "memorias rotas", rotas en pedazos porque  en los tiempos  que vivimos  las solidaridades familiares ha quedado derribadas y su déficit de memoria histórica (la denominada "memoria larga") coincide con la ausencia de un código heredado del pasado y que ha llegado a ser totalmente incoherente.
  Unos sistemas de referencia necesarios que queremos ayudar a recuperar para este presente futuro, y que dejan fuera de toda duda la importancia de rescatar estas historias en un momento en el que la necesidad de luchar contra el olvido está marcando profundos cambios de época.
  Y es que el modelo de transición español, sustentado en un pacto tácito de olvido que decidió no instrumentalizar políticamente el pasado, fue un pacto de silencio acerca de lo ocurrido durante la Guerra Civil y la posterior represión franquista, en virtud del cual se dio una amnistía a favor de los resistentes antifascistas a cambio de una especie de encubierta ley de punto final para los crímenes de guerra y posguerra; esta renuncia a buscar nuestra legitimidad política en las tradiciones progresistas y los valores democráticos de la Segunda República (el sentido de la austeridad y la decencia, de la ciudadanía solidaria y responsable, una vocación franca de justicia social, un amor exigente por la instrucción pública, un verdadero laicismo, un respeto de la ley entendida como expresión de la soberanía popular que fueron interrumpidos por la guerra y sepultados por el franquismo); esta renuncia a las acciones oficiales de restitución, homenaje y reparación a las víctimas, de pedagogía histórica y de conservación de "lugares de la memoria" que creemos es imprescindible cuestionar y reclamar; este modelo de silencio afianzado durante la estancia del poder de los primeros gobiernos democráticos de la transición, presente también hoy, se está cuestionando, y cada vez tienen más fuerza modelos que exigen la Verdad y la Reconciliación.
  La amnistía y la prescripción de los crímenes ha sobrevivido durante siglos bajo la protección de una alianza entre la política y el derecho, pero hoy cuando diversos colectivos sociales plantean una respuesta de otro signo, la de la justicia, la memoria levanta mucha expectación y no pocas sospechas, se vuelve tremendamente incómoda para algunos.
  La estructura de la memoria se ha configurado, sobre todo, en torno a las grandes catástrofes, porque las víctimas son sus depositarios naturales, esos testigos, los abuelos y bisabuelos de los que hablan los alumnos y de los que se habla en este libro. Por eso en muchos lugares , y desde hace tiempo, la memoria no se festeja ni se celebra sino que se estudia y actualiza. Aquí también debería haber sido posible, porque hay un pasado que es capaz de generar futuro y sobre todo porque " lo que ha movido al mundo no son los sueños de unos nietos felices , sino el recuerdo de los abuelos humillados".
  Pues bien, si queremos que el futuro sea otra cosa distinta de la que hoy tenemos hay que recurrir a las esperanzas frustradas de los vencidos y comprender que " el olvido es una injusticia sobre la que está edificado nuestro presente."
  Y esto ¿a dónde nos lleva? Se habla mucho de memoria, la memoria está de moda en un país desmemoriado como el nuestro, pero muchas veces con el freno echado porque quizás hay miedo de salir trasquilado de esta aventura en la que tanto están presionando muchos grupos y colectivos ciudadanos, y los nietos de los abuelos humillados, que no se va a contentar sólo con llevar los huesos aparecidos y rescatados de las fosas comunes a un cementerio, sino que ya están preguntando por un supuesto progreso que se ha montado sobre una tierra de cadáveres.
  Este trabajo histórico, como otros realizados por los autores con los que compartimos intenciones y esfuerzos, nos embarca, (y nunca mejor dicho, nos embarca, en el sentido de tomar parte en una empresa que se mueve sobre un océano) y nos sitúa entre dos modos distintos, pero no incompatibles, de relacionarse con el pasado: la memoria y la historia.
  Ayudar a la construcción de un sentido del pasado, de lo que pudo ser y no fue, significa trabajar por la memoria, y para eso es imprescindible recoger todos los testimonios posibles de los últimos supervivientes. Todavía estamos a tiempo si somos capaces de aprovechar ese tiempo.
  Porque lo frustrado también forma parte del patrimonio y por eso es muy importante que los nietos no sólo se acuerden de los éxitos de sus abuelos sino también de sus fracasos porque esta puede ser una forma de  aprender a ser más amables que aquellos.
  Este estudio es también el reflejo de una movilización social , de una reclamación civil de conocimiento histórico de las culturas y memorias democráticas y también de la represión vivida y de sus daños físicos, morales y vitales que proclama la creación de un espacio ético que complete las políticas públicas destinadas a garantizar los derechos políticos y sociales de los ciudadanos.
  Un espacio ético que hace necesaria la creación de una política pública memorial como consecuencia de aceptar que el conocimiento histórico del pasado reciente de la opresión debe se también un derecho civil que reivindicamos.
  Compartimos con otros grupos y asociaciones que el instrumento fundamental de esta política pública debe ser la creación de un Memorial Democrático, en este caso de Aragón por razones obvias, concebido como un espacio sobre la responsabilidad ética y política, con un equipamiento propio y ubicado en un edificio o espacio diferenciado y significativo en el que podamos conmemorar y encontrarnos.
  Pero sobre todo un ágora abierta a la participación y las iniciativas que nos permita a los ciudadanos y ciudadanas ejercer el derecho al conocimiento del pasado reciente y "su repercusión en el presente para pensar más libremente, con más y mejores argumentos , y por tanto más críticamente, cómo puede ser el futuro que queremos." No planteamos nada especialmente innovador. Se trata de llevar a cabo al que ya existe en otros lugares del mundo desde hace tiempo y desde los que garantizar la transmisión de los valores realmente democráticos.
  Por eso libros como este suponen una gran colaboración. Me atrevería a decir que, conociendo a sus autores, con esa intención lo han escrito, para ayudar a alumbrar una memoria pública no falsificada, para incorporar la historia a la memoria, para historizar la memoria y recuperar la historia, con todas sus potencialidades y, seguro, también incertidumbres, amargas noticias y frustraciones que el empeño habrá llevado consigo.

Julio de 2006

Juan Carlos Ferré Castán
(presidente de la Asociación para la Recuperación de
 la Memoria Histórica de Aragón)


Epílogo (en contraportada)

Un pedazo de nuestra historia, la más reciente, esa que va de julio de 1936 a nuestros días, permanece oculta cuando no tergiversada. Losas de olvido, losas de losas eclesiásticas con los nombres de los sublevados y pesadas losas de propaganda mediática, nos impiden conocer nuestra época y  el conflicto en que se originó. Hoy se siguen escribiendo libros y libros de la Guerra Civil, la mayoría de ellos refritos o generalidades vistas desde otras ópticas, algunas revisionistas.

Hacer el esfuerzo tremendo de esta obra -basada sobre todo en el trabajo de campo- les ha supuesto a los autores laboriosas pesquisas que jamás eludieron, la investigación llega hasta donde la memoria deja de ser recuerdo para convertirse en dolor. Ninguna entidad ayudó en su investigación, no todas las gentes quisieron hablar, pero la tenacidad nos ofrece este compendio que es una vida y también muchas vidas y muchas muertes hasta ahora anónimas.

La historia de lo que ocurrió en Almudébar: primero un foco de luz sindicalista, una esperanza de la emancipación obrera agachada en los tajos de Tormos y el Canal de Monegros, y luego un bastión fascista entre Huesca, Zaragoza y las avanzadas republicanas, todo eso nos lo cuentan por primera vez con rigor y saber.

Manuel Benito Moliner